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viernes, 10 de julio de 2026

La prenda más cercana a la piel: Historia íntima de la ropa interior

Hoy es impensable salir de casa sin ropa interior. Pero durante milenios, la humanidad sobrevivió sin ella. ¿Cuándo empezamos a usarla? ¿Y por qué? La respuesta no es solo cuestión de higiene. Es un viaje fascinante que atraviesa imperios, religiones, revoluciones y la propia idea que hemos tenido de nuestro cuerpo. Desde el hombre de hielo hasta el sujetador con aros, esta es la historia de la prenda que llevamos más cerca de la piel.

Los orígenes: la piel, el lino y el poder

Nuestro viaje comienza en la prehistoria, con un protagonista inesperado: Ötzi, el hombre de hielo. Su cuerpo, momificado en los Alpes hace unos 5.300 años, fue hallado en 1991 con un calzón de piel de cabra. No era un diseño de alta costura, pero cumplía su función: proteger y abrigar.

Sin embargo, es en las grandes civilizaciones antiguas donde la ropa interior empieza a contar historias más complejas. En el Antiguo Egipto, la prenda íntima por excelencia era el schenti, un taparrabos de lino con cuerdas en los extremos que usaban tanto hombres como mujeres. El lino, por su finura y transpirabilidad, era el tejido preferido, y su uso simbolizaba prestigio. ¿Una prueba de su importancia? El rey Tutankamón fue enterrado con la friolera de 145 schenti para el más allá. No está mal para un "simple" taparrabos.

Grecia y Roma: el cuerpo en escena

En la Antigua Grecia, la relación con el cuerpo era más relajada. La desnudez era aceptable, especialmente en el deporte. Pero cuando se cubrían, los hombres usaban el perizoma, otro tipo de taparrabos. La mitología, fiel reflejo de sus preocupaciones, nos cuenta que Afrodita entregó a Hera un ceñidor para seducir a Zeus: una primitiva faja que realzaba su figura. El poder de la ropa interior ya se intuía.

Fue en el Imperio Romano donde el uso de ropa interior se generalizó, impulsado por una mayor preocupación por la higiene. Hombres y mujeres utilizaban el subligáculum, una especie de taparrabos o pantaloncillo corto de lino o cuero. Debajo de la túnica, llevaban una subúcula o indusium, una camisa interior de lino sin teñir. Las mujeres, por su parte, sujetaban y realzaban sus pechos con las mamillare o fascia pectoralis (fajas de tejido fino) y el strophium, una estructura de tiras de cuero. Se dice que las romanas de la alta sociedad incluso se pintaban los pezones con tonos dorados o plateados. La moda, como vemos, siempre ha tenido un punto de excentricidad.

La Edad Media: el cuerpo oculto y la apariencia de limpieza

Con la caída de Roma y el ascenso del cristianismo, el cuerpo pasó a ser visto como fuente de pecado. Había que ocultarlo. La ropa interior se simplificó hasta convertirse en una camisa larga y holgada, conocida como camisa o túnica interior, hecha de lino o, para los más pudientes, de algodón o seda. Su función era proteger la piel de los tejidos exteriores, más ásperos.

La higiene personal, paradójicamente, pasó a un segundo plano. No es que no se lavaran, sino que la percepción de la limpieza era distinta. Lo importante no era estar limpio, sino parecerlo. La ropa interior, que absorbía las impurezas de la piel, se cambiaba con frecuencia. La suciedad, se creía, "corrompía el aire", una idea que perduró siglos. La apariencia de limpieza se lograba con telas blancas y perfumes que "purificaban" el ambiente.

El Renacimiento y la Edad Moderna: la invención de la silueta

El Renacimiento trajo consigo un renovado interés por el cuerpo, y con él, una prenda que se convertiría en símbolo de una época: el corsé. Aunque existen precedentes en la civilización minoica (hacia el 1600 a.C.), el corsé como prenda interior tuvo su origen en Italia y fue introducido en Francia por Catalina de Médici en el siglo XVI. Su objetivo era claro: moldear el cuerpo hacia un ideal de belleza, comprimiendo la cintura y realzando el pecho. Inicialmente, fue una prenda de las clases altas, pero pronto se difundieron versiones menos rígidas para la vida diaria.

España no fue ajena a esta fiebre por la silueta. En la corte de los Austrias hispanos de los siglos XVI y XVII se difundió un tipo de corsé de gran severidad, llamado cotilla. Otra prenda coetánea fue la saya verdugada, una falda con un armazón de aros (los "verdugos") que le daban una forma cónica. La leyenda popular atribuye su invención a la reina Juana de Portugal para ocultar un embarazo ilegítimo. Sin embargo, los estudios históricos más rigurosos señalan que esta asociación fue una ficción de la propaganda política de la época. El verdugado, nacido en Castilla hacia 1468, se extendió por Europa y sentó las bases para otras prendas como el guardainfante, el tontillo o el miriñaque. La moda, una vez más, demostraba que su lenguaje era tan político como estético. 

El siglo XVIII: la Ilustración y el descubrimiento de la higiene

El siglo XVIII fue el siglo de la Ilustración, que lo cuestionó todo, incluida la higiene personal. Hasta entonces, la gente se lavaba poco y con recelo: se creía que el agua caliente abría los poros y dejaba entrar "miasmas" o aires corruptos que provocaban enfermedades. La suciedad, lejos de ser un problema, se veía como una capa protectora. Sin embargo, los pensadores ilustrados empezaron a aplicar la razón al cuerpo y a la salud pública. Poco a poco, la limpieza dejó de ser sospechosa y la ropa interior adquirió un nuevo propósito: la higiene. La camisa de lino o algodón, blanca y perfumada, se convirtió en una barrera que absorbía el sudor y protegía las costosas prendas exteriores, que casi nunca se lavaban. Cambiarla con frecuencia era ya un acto de limpieza. Hacia 1800, influidas por la Revolución Francesa y el ansia de comodidad, las mujeres empezaron a aflojar la cotilla. Pero fue un espejismo: a principios del XIX, el corsé renacería con más fuerza que nunca.

El siglo XIX: el corsé en su apogeo

El siglo XIX fue la edad de oro del corsé. Su uso era generalizado entre las mujeres de las clases medias y altas, y su diseño se volvió cada vez más extremo, con aletas y ballenas que buscaban una cintura de avispa. Pero el corsé no solo era una prenda de moda; también era un campo de batalla ideológico.

Resulta fascinante comprobar que, mientras las mujeres eran constreñidas por el corsé, los hombres abrazaban el "Movimiento de la Lana" del doctor Gustav Jaeger, que proclamaba los beneficios para la salud de la lana áspera en contacto con la piel. En Inglaterra, este movimiento tuvo partidarios tan distinguidos como Oscar Wilde.

La anécdota de la reina Isabel II de España, que en 1852 salvó la vida porque su corsé amortiguó una puñalada, es cierta. Es la metáfora perfecta: una prenda diseñada para la apariencia se convertía, inesperadamente, en una armadura. El corsé fue desterrado simbólicamente tras la Revolución Francesa. Pero las mujeres, lejos de jubilarlo, lo siguieron usando. Porque, como señala la historiadora Valerie Steele, la moda nunca ha sido racional.

El siglo XX: la llegada de la comodidad y la liberación

El siglo pasado trajo la democratización de la comodidad. La necesidad fue, una vez más, la madre de la invención: la Crisis del 29 obligó a acortar los calzoncillos hasta crear el slip moderno en 1934.

Por su parte, las mujeres, impulsadas por figuras como la bailarina Isadora Duncan, comenzaron a liberarse de las estructuras opresivas. La invención del sujetador moderno supuso una revolución. Ida Rosenthal, una inmigrante judía rusa, cofundó la compañía Maidenform en 1922. Fue su marido, William Rosenthal, quien inventó el sistema de tallas de copa (A, B, C, D), mientras que Ida recibió la patente por el cierre ajustable. Maidenform fue la primera compañía en vender sujetadores de maternidad para lactancia. La ropa interior por fin empezaba a priorizar el confort y la funcionalidad, sin renunciar a la estética.

Más que una prenda: fetichismo, religión y "ir al comando"

Lo que más intriga es cómo esta prenda trascendió su función práctica para convertirse en un símbolo cultural. Por un lado, se cargó de erotismo y fetichismo, desde la lencería más sensual hasta su aparición en la pasarela. El diseñador gibraltareño John Galliano fue uno de los más influyentes en sacar la lencería del armario y subirla a la pasarela, pero no fue el primero. Diseñadores como Christian Lacroix ya habían explorado esta estética en los años 80.

Por otro lado, la ropa interior adoptó un rol religioso en prácticas como las de los mormones, que usan prendas interiores especiales (temple garments) tras la investidura ceremonial, o los sijs, que emplean el kacchera como parte de su código religioso.

E incluso generó su propia contracultura con la práctica de "ir al comando" (no usar ropa interior). Los orígenes de la frase go commando son inciertos. Se atribuye a soldados en la Guerra de Vietnam o de Corea, pero el uso moderno del término se remonta a estudiantes universitarios en Estados Unidos a principios de la década de 1970. La serie Friends lo popularizó a nivel mundial en 1996.

Conclusión: la prenda que nos define

En definitiva, la historia de la ropa interior es un espejo de nuestra evolución social. Habla de cómo hemos gestionado la higiene, cómo hemos sometido el cuerpo a los cánones de belleza de cada época y cómo hemos explorado nuestra sensualidad e identidad. Desde el subligáculum de un gladiador hasta el sujetador de Maidenform, esta prenda íntima nos recuerda que, en el fondo, la forma en que elegimos cubrirnos—o no—es una de las decisiones más personales y reveladoras de todas.

La próxima vez que te pongas una braga o un calzoncillo, recuerda que te estás vistiendo con un pedazo de historia.

Pedrete Trigos


Fuentes y lecturas recomendadas

Para este artículo he consultado los trabajos de Valerie Steele (The Corset: A Cultural History), el archivo del Museo del Traje de Madrid, varias crónicas de la época recogidas en la Biblioteca Nacional, y artículos de National Geographic Historia, Radio Sefarad y la Cadena SER. Si quieres profundizar, aquí tienes algunas referencias:

  • National Geographic. La verdadera historia de la ropa interior: del antiguo Egipto a las campañas de publicidad.

  • National Geographic Historia. El corsé: la tiranía de la cintura de avispa.

  • Wikipedia. Historia del corsé y Verdugado.

  • Radio Sefarad. Ida Cohen Rosenthal, magnate de los sujetadores.

  • La Razón. Así era la higiene íntima en la Edad Media.

  • Cadena SER. El antecesor de los calzoncillos y las bragas que solo usaban los ricos.