No hay extranjero (...) que no tenga ganas de conocer esas danzas tan alabadas. Es raro que el teatro no termine la velada con el baile nacional (...) que vale a veces mucho más que la comedia o el drama. Pero al lado de las danzas de teatro están las populares, las que se ven los días de fiesta o de romería en las tabernas de la ciudad o de los arrabales, y por último los bailes que se dan en algunos establecimientos que toman el título de academias o escuelas de baile. Sus directores nunca dejan de enviar los programas anunciadores a los hoteles o a las casas de huéspedes."
Precisamente esa forma de bailar de las andaluzas llamó la atención de Davillier, que las consideraba superiores a todas las bailarinas de la ópera y la danza clásica:
"Se ve que bailan para sí mismas, por placer, y los movimientos de sus brazos y el meneo son muy distintos a los movimientos rígidos y geométricos del ballet francés".
