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viernes, 15 de abril de 2016

Prendas exteriores estilo Imperio.

    Si en una entrada anterior vimos las prendas interiores del vestuario de un caballero de comienzos del S. XIX, pasemos ahora a las prendas exteriores. Si bien se trata de abandonar el clásico terno a la francesa que desde el siglo XVII se venía usando en toda Europa, aún podemos encontrar ciertos arcaísmos en las primeras décadas de esta centuria, sobre todo en cuanto ropa de gala se refiere.
  

    Aunque con sus diferencias, como luego veremos más adelante, el terno sigue consistiendo en las mismas prendas que en el siglo anterior, es decir: calzón, chupa y frac. A principios de siglo, la opción más popular, tanto para el traje de día como el de noche, fue la de los calzones, cuyo largo terminaba justo debajo de la rodilla. Este tipo de calzones era prácticamente el mismo que el del siglo XVIII, si bien se emplean otro tipo de tejidos más humildes en su confección, tales como el paño de lana o la sarga. Para trajes de día suelen usarse colores oscuros y en trajes de etiqueta, tonos pálidos tales como el blanco, marfil o crema, siendo entonces confeccionados en seda o raso. Se abrochan en la parte delantera con tres botones dispuestos de forma perpendicular en una cinturilla interior y con una solapa que al principio suele cubrir todo el delantero de costado a costado y que posteriormente se estrecha quedando convertida en una especie de “babero” que cubre sólo la bragueta. Ambas solapas se abrochan también con botones. En esta cinturilla interior se ubicaba un pequeño bolsillo para el reloj. El bajo de abrocha con botones en los costados y una pretina estrecha con hebilla, del mismo tejido.

    Es a partir de 1820 cuando para trajes de día se destierra el calzón y se adopta definitivamente el pantalón como prenda estándar. El calzón sólo se luce ya en ocasiones formales, siendo paulatinamente sustituido también por el pantalón. Estos pantalones son muy estrechos, sobre todo en trajes de gala. El largo suele llegar hasta la pantorrilla y posteriormente baja hasta el tobillo, añadiéndose entonces una cincha o estribo que se coloca bajo el pie para mantenerlos perfectamente estirados sin formar arrugas. Este estribo se coloca dentro del calzado en trajes de gala y sobre él en trajes de día. Tanto los calzones como los pantalones se usaban con tirantes en forma de X.


    La chupa, posteriormente conocida como chaleco, es una de las prendas que conserva más arcaísmos dieciochescos hasta bien entrado el siglo XIX. Para su confección se sigue usando la seda la cual en muchos casos se borda con hilos metálicos y de color si bien con motivos más pequeños y discretos. El largo suele ir acortándose a lo largo de las primeras décadas del XIX, si bien queda visible bajo el frac. Su forma es siempre recta. La caja del cuello se ajusta al mismo y se le añade un collar elevado. Se abrocha completamente a excepción del botón más alto con lo cual queda al descubierto el crabat y los volantes de la pechera. La botonadura puede ser doble o sencilla en trajes de día y sencilla en trajes de gala. Suelen llevar bolsillos tanto exteriores como interiores. Los botones se forran con el mismo tejido. Para la espalda se usa una tela de inferior calidad. Al ser esta una prenda que queda ajustada al cuerpo, se ciñe en la parte posterior mediante unas solapas encordadas o cinchas de tela.

viernes, 1 de abril de 2016

Vistiendo a un caballero de comienzos del S. XIX. Ropa interior.

    Vamos a empezar nuestra toilette desde dentro hacia fuera. La ropa interior de nuestro “galán” se compone de una camisa, medias y calzoncillos. La camisa solía ser de hilo o algodón blanco. El largo solía llegar hasta aproximadamente la ingle, con vuelo tanto en el cuerpo como en las mangas. Generalmente se confeccionaban a partir de piezas cuadradas, es decir, sin forma en las sisas, hombros y caja de cuello. En la zona de las axilas se solía añadir un cuadrado de tela de forma transversal para añadir holgura. Otro aspecto muy importante a tener en cuenta, es que no se abrían completamente, sino que disponían de una apertura parcial desde el cuello hasta aproximadamente la mitad del pecho. Dicha apertura se adornaba con volantes del mismo tejido. El cuello bastante alto y sin ballenas se abrochaba con un botón, quedando posteriormente cubierto por el pañuelo o crabat. Los puños suelen ser estrechos, de no más de 5 cms abrochados también con un botón de forma solapada, a la manera de nuestras modernas camisas sport. El uso de gemelos y puños franceses, es muy posterior, debiendo emplazarlo en la segunda mitad del S. XIX. Al igual que la portezuela del cuello, el puño se adornaba con un pequeño volante del mismo tejido que la camisa.



    Si bien el uso de calzoncillos es discutido por muchos autores, ya que no suelen ponerse de acuerdo a la hora de concretar en qué época se suele generalizar su uso, es muy probable que ya en esta época por motivos higiénicos se comenzaran a usar de forma más extendida. En España encontramos ejemplares muy antiguos que podrían enclavarse en dichos años. Este tipo de calzones también llamados zaragüelles solían estar confeccionados por dos rectángulos de algodón, hilo blanco o cáñamo blanqueado. Al igual que vimos en las camisas, se les añadía un cuadradillo de tela en el hondillo para ganar holgura. También llevaban cinturilla la cual se abrochaba con botones en la parte delantera y se ceñía con un cordón en la parte trasera. En el bajo solían llevar un dobladillo por el cual se pasaba una cinta para ceñirlos a la rodilla.



    El punto de media o calceta es una técnica con la que se crea un textil entrelazado manipulando horizontalmente una trama de hilo con dos o más agujas. En España la más antigua noticia que tenemos de estas medias es la que nos da Luis Cabrera de Córdoba cuando a principios del siglo XVII recuerda cómo se vestía al comenzar el reinado de Felipe II“Las medias eran de carisea, estameña, paño… aunque ya usaba el rey las de punto de aguja de seda que le enviaba en presente y regalo desde Toledo la mujer de Gutiérrez López de Padilla”. (Relación de las cosas sucedidas en la Corte de España desde 1549 hasta 1614). Esta era una prenda de lujo sólo al alcance de los poderosos, pero en el siglo XVIII ya está mucho más difundida, lo que no quita que, para alargar su vida, se zurcieran o se remendaran con frecuencia en la parte del pie que ocultaba el zapato. Confeccionadas en hilo fino de seda o de algodón, son muy elásticas, y se adaptan bastante bien a la silueta de la pierna, aunque para que no se caigan o se arruguen sigue siendo necesario el uso de las ligas. Las medias presentaban todas, unas partes diferenciadas en la zona superior, de un acabado más texturizado, a veces confeccionado con materiales más adherentes, para permitir un mayor agarre y por tanto más eficacia en la sujeción de la liga.  Como toda prenda que se ciñe, la media delata las imperfecciones del cuerpo y, para evitarlo, se utilizaban falsos postizos de lana que, atados entorno a la pantorrilla, daban un perfecto torneado a las piernas de cualquier edad y clase.




    Las medias se sujetaban con ligas, algunas de ellas muy elaboradas con bordados que, a modo de brazalete, abrazaban la pierna. Las ligas podían ser de seda, hilo de lana o de cordobán muy finas.