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miércoles, 25 de mayo de 2016

La paz de las Alpujarras.

    La Rebelión de las Alpujarras fue un conflicto acontecido en España entre 1568 y 1571 durante el reinado de Felipe II. La abundante población morisca del Reino de Granada se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales. Cuando el poder real consiguió vencer a los sublevados, se decidió deportar a los moriscos supervivientes a varios puntos del resto de la Corona de Castilla, cuya población morisca pasó de 20.000 a 100.000 personas. Por la gravedad y la intensidad de sus combates también se la conoce como la Guerra de las Alpujarras.


    Dicho acontecimiento sirve de excusa para los actos que tras cuatro años consecutivos se vienen desarrollando en Padules, un pequeño pueblo de la Alpujarra almeriense.


    Fue Mabel Villagra, historiadora y arabista, quien me habló hace ya unos meses de esta iniciativa, en la cual ella está inmersa como asesora histórica. Me animó a participar en ella sabiendo todo lo que me gusta el siglo XVI español, así que no me lo pensé dos veces y me decidí a participar. Sorprende como un pueblo tan pequeño se toma tan en serio esto de la recreación. Más de la mitad de la población toma parte activa en los preparativos y desarrollo de las diferentes actividades que se desarrollan durante ese fin de semana. Contando también con talleres de sastrería donde las mujeres del pueblo cosen los distintos ropajes que se usaran durante los actos. Para el patronaje y asesoramiento indumentarista, cuentan con Francisco Martínez Botella quien ha sabido reflejar fielmente el vestuario español de la época.



    Ha sido un fin de semana repleto de sensaciones en el que realmente he conseguido gracias a los vecinos de Padules, poder viajar en el tiempo y sentirme plenamente en el Siglo de Oro español. Gracias también a Marina Quirantes coordinadora de estos actos por el trato tan exquisito que nos ha dispensado a todos los recreadores que hemos sido invitados este año.

jueves, 12 de mayo de 2016

D. Juan Bautista Centurión y Negroni.

DON IVAN BAVTISTA
Centurion fegundo Marquès de Eftepa,
Y tercero de Laula, Vivola,
Y Monte de Vay.


DON Iuan Bautifta Centurion primogenito, fucediò a fu padre en el Marquefado de Eftepa, nació en Genoua, y alcançò la vida de fu abuelo el Marquès de Laula, Viuola, y Monte de Vay Adam Centurion, que murió año de 1568. de quien heredò aquellos Eftados; y auiendo dadole cuenta del fallecimiento de fu abuelo al feñor Rey Don Phelipe Segundo, le efcriuiò la carta marginal; (I) que de fu orden pufo en fus manos el Embaxador Don Gomez de Figueroa.

    Auia antes Don Iuan el Marquès venido à Efpaña de muy pequeña edad, donde firuiò de Menino al feñor Principe D. Carlos hijo del Prudente Rey el feñor Don Felipe Segundo: diò defpues la vuelta a Genoua, y boluiò mas crecido à feruir a fu Mageftad, en particular en el leuantamiento de los Moriscos del Reyno de Granada; donde fe ofreció con fu perfona, y gente de fu Eftado, para vencerlos, y foffegar la tierra. Tambien en la guerra de Portugal, quando tomò la pofefsion de aquella Corona el feñor Rey D. Phelipe Segundo, y en los alborotos de Aragon; y auiendo el Inglès entrado el año de 1596, à faquear à Cadiz, faliò con la gente de fu Eftado al focorro, con mas de dozientos arcabuzeros, cincuenta lanças, otros Caualleros Camaradas, y el refto de fu familia, teniendo toda aquella gente fuftentada à fu cofta el tiempo que fu Mageftad necefsitò feruirfe della.

    Embiò defpues a la Mamora vna Compañía leuantada à fu cofta de docientos Infantes à cargo del Capitan Iuan Bernardino Arponi, fiendo la fegunda bandera, que faltò en tierra, quuando fe ganó à los Infieles aquella Plaza.

    En otra ocafion boluiò a embiar al mifma Prefidio otros docientos hombres de focorro, y por fu Capitan à Don Phelipe Centurion fu quarto hijo, que con otra gente, que llegò al numero de dos mil, lleuò a fu cargo el dicho Don Phelipe.

    Tambien hallandofe fu Mageftad en algunos empeños, fe valió de la hazienda del Marquès como de caudal, q eftaua hecho defde fu abuelo a gaftarfe en feruicio de los feñores Reyes de Efpaña, y le preftò veinte mil ducados de plata, que oy eftàn cargados fobre fu Cafa; y en otra ocafion firuiò con diez mil fanegas de trigo, de que aun no fe ha dado fatisfacion de gran parte de fu valor à los acreedores, pagandofe los réditos con exclufiua diminución del capital del Eftado.

    Refidiendo en efta Corte, y viniendo por Legado à Latere Monfeñor Barghefio que fiendo defpues Pontifice, fe llamò Paulo Quinto, mandò fu Mageftad al Marquès Don Iuan Bautifta falieffe à recibirle; como lo executò con acreditado luzimiento, afsiftido de la primera Nobleza de efta Corte; y aunque defpues fe le efcusò por razones tan prudentes, que antes fue digna de mayor remuneración efta acción.

    Corria por entonces el gouierno de las galeras de Efpaña con alguna quiebra, faltándolas muchos requifitos para fu conferuacion, y para que en efto fe tomaffe remedio equivalente à enmendar el graue daño, que fe feguia de no eftar bien apreftadas, fe tratò en el Confejo de Guerra el nombrar al Marquès por Capitan General dellas, para que corrieffe a fu cargo recibir el dinero conueniente de fu Mageftad, para fuftentarlas (y aun acafo para que le fuplieffe muchas vezes) y que el Marquès Don Adan Centurion fu hijo mayor las gouernaffe como Teniente de fu padre, y eftuvo tan adelantada efta difpoficion, que ya tenia el Marquès feñaladas algunas perfonas, para ocupar los pueftos, que vino à embaraçarfe todo por algunos accidentes, fobreviniendole la muerte caufada de vna prolija enfermedad de gota, que le abreviò la vida à los vltimos de Iunio del año de 1625.

    Fue el Marquès cafado con Doña Maria Fernandez de Cordoua hija de Don Diego Fernandez de Cordoua Comendador Mayor en la Orden de Calatraua, y de Doña Maria Lafo de Caftilla.

(I)

EL REY. Marquès de Eftepa pariente, vueftra carta de veintede Março he recebido, y de la muerte de vueftro abuelo me ha pefado mucho, por la falta que a vos hará, y por auer perdido en èl vna perfona tan apafionada a mi feruicio; y tened por cierto, que todo lo tendrè yo en memoria, para tener cuenta con vueftra perfona, y con todas vuestras cofas, y que os moftrarè la mifma voluntad, que tuve a vueftro abuelo, y padre en todo lo que fe ofreciere, como os lo dirà el Embaxador Figueroa, a quien me remito. De Madrid a ocho de Mayo de 1568. YO EL REY. Por mandado de fu Mageftad, Antonio Perez.

Fuentes: Facsímil de la obra de Juan Baños de Velasco. (1679)

miércoles, 11 de mayo de 2016

Corbatas y pañuelos de cuello.

    Su nombre viene del italiano, corvatta o cravatta, derivado de "croata". El origen data del año 1660, cuando los jinetes del ejército croata usaban pañuelos de colores al cuello. La fecha de nacimiento de la actual corbata se remonta a la segunda mitad del siglo XVII, con la llegada a Francia de los mercenarios croatas. Con su traje tradicional llevaban un pedazo de tela blanca, que llamaban 'hrvatska' (es decir: Croaciaen idioma croata). La anudaban formando una rosita y dejando colgar las extremidades encima del pecho. La croatta les gustó mucho a los franceses que la adoptaron y llamaron cravate y luego la difundieron en todo el mundo. Durante la revolución francesa, la corbata se volvió un verdadero status-symbol y por primera vez adquirió un valor político: el revolucionario la llevaba negra, mientras el contrarrevolucionario se la ponía blanca. Vino, luego, el momento de los incroyables, gente elegante y extravagante cuya corbata tenía enormes dimensiones y llegaba casi a esconder la barbilla y el labio inferior. Fue importante en este periodo la persona de Lord Brummel que para anudarse su corbata necesitaba la ayuda de dos mozos. Él mismo introdujo el empleo del almidón, para que mantuviera su rigidez.



    El cravat, solía ser un pañuelo grande, por lo general almidonado, cuadrado o triangular de lino o seda doblado en una banda y envuelto alrededor del cuello.   A veces se envolvía alrededor de un refuerzo primero, que era una especie de collar de cuero de considerable altura, lo cual le confería un aspecto rígido muy al gusto de la época.   Había diferentes maneras de atar el cravat dependiendo de la formalidad de la vestimenta correspondiente. La mayoría de ellos eran blancos, pero los colores no eran infrecuentes en atuendos informales. En los primeros años del siglo XIX la forma de la corbata empezó a acercarse a la actual. La moda había empezado a homologarse con algunas excepciones como el tipo lavallière, caracterizada por dos partes iguales en ancho y largo, que se volvió el emblema de los artistas y de los revolucionarios.

martes, 10 de mayo de 2016

Prendas exteriores estilo Imperio. El frac.

    El frac es una prenda que aparece en el siglo XVIII y que ha llegado hasta nuestros días. Es también en el siglo XVIII que su uso se hace indiscriminado tanto para trajes de día como de noche. La excepcionalidad que presenta el siglo XIX con respecto a la centuria anterior, es que el frac y el pantalón o calzón, ya no se confeccionan del mismo tejido, quedando un terno bien diferenciado en cuanto a prendas, tejidos y colores. A las casacas con el cuello vuelto se les dio el nombre de frac. En "Arts et Métiers, L´Art du Tailleur" de M. de Garsault, de 1769, ya se incluye esta prenda con el nombre de "fraque" entre sus diferentes patrones. El frac se caracteriza por estar cortado recto en los delanteros al nivel de la cintura y cruzado sobre el pecho, tiene grandes solapas con el cuello vuelto y sus faldones traseros abiertos. Suele ir en colores lisos, en un principio eran de colores tales como el marrón, azul marino, granate o verde, pero pronto se convertirían en una prenda de paño color oscuro, sobre todo negro. Como anteriormente se mencionó, los orígenes del frac se encuentran en la adaptación  de la casaca del siglo XVII para una mayor comodidad. A finales del siglo XVIII la parte delantera de los faldones de las casacas se redujo considerablemente para hacerla más práctica a la hora de montar a caballo.  A comienzos del siglo XIX todo lo que quedaba de la falda era su trasera, que estaba dividida en dos por una abertura central también para una mayor comodidad a la hora de montar. Esta nueva "cola de golondrina", pronto fue adoptada tanto para trajes de día como de noche. Ambos tipos de casaca podrían ser de botonadura doble o sencilla. Al principio fue llevada tanto abierta como cerrada, siendo el estilo abierto el más popular para los trajes de noche con el fin de mostrar mejor el chaleco. En la década de 1820 el frac de noche se cortaba deliberadamente para que los frentes no pudieran encajar.  


    En la mayoría de los fracs de este período, la solapa del bolsillo es sólo decorativa. El bolsillo (si lo hay) está dentro de la prenda, por lo general en la cola. A este bolsillo se accede desde el exterior de la cola, y a veces desde el interior. La información sobre la aparición del bolsillo de pecho varía. Los colores de los primeros fracs de noche fueron a menudo el negro o los tonos oscuros como el azul, verde, burdeos, marrón como en los trajes de día. Paulatinamente se fue imponiendo el azul oscuro con botones dorados y el negro con botones forrados, esta última opción fue la que terminaría por imponerse en adelante.

    Otro detalle significativo es que al principio las solapas del cuello de los fracs de tarde solían ser de terciopelo negro. La aparición de este forro realizado en seda como en los actuales fracs, es mucho posterior. Otra característica notable de los primeros fracs, eran dos botones en la parte baja de la espalda (y ojales al final de la cola) agregados originalmente para que las colas pudieran ser dobladas y abotonadas en la parte posterior a la hora de montar.



    Mencionar también que los abrigos o capotes estuvieron de moda, a menudo con cuellos de piel o terciopelo en contraste con el paño de la prenda. El “Garrick”, a veces llamado abrigo de cochero, era una prenda muy popular y tenía entre una y tres capelinas cortas abrochadas al cuello. En España continua usándose la capa española tanto en atuendos de día como de noche.

lunes, 9 de mayo de 2016

Prendas exteriores estilo Imperio.

    Si en una entrada anterior vimos las prendas interiores del vestuario de un caballero de comienzos del S. XIX, pasemos ahora a las prendas exteriores. Si bien se trata de abandonar el clásico terno a la francesa que desde el siglo XVII se venía usando en toda Europa, aún podemos encontrar ciertos arcaísmos en las primeras décadas de esta centuria, sobre todo en cuanto ropa de gala se refiere.
  

    Aunque con sus diferencias, como luego veremos más adelante, el terno sigue consistiendo en las mismas prendas que en el siglo anterior, es decir: calzón, chupa y frac. A principios de siglo, la opción más popular, tanto para el traje de día como el de noche, fue la de los calzones, cuyo largo terminaba justo debajo de la rodilla. Este tipo de calzones era prácticamente el mismo que el del siglo XVIII, si bien se emplean otro tipo de tejidos más humildes en su confección, tales como el paño de lana o la sarga. Para trajes de día suelen usarse colores oscuros y en trajes de etiqueta, tonos pálidos tales como el blanco, marfil o crema, siendo entonces confeccionados en seda o raso. Se abrochan en la parte delantera con tres botones dispuestos de forma perpendicular en una cinturilla interior y con una solapa que al principio suele cubrir todo el delantero de costado a costado y que posteriormente se estrecha quedando convertida en una especie de “babero” que cubre sólo la bragueta. Ambas solapas se abrochan también con botones. En esta cinturilla interior se ubicaba un pequeño bolsillo para el reloj. El bajo de abrocha con botones en los costados y una pretina estrecha con hebilla, del mismo tejido.

    Es a partir de 1820 cuando para trajes de día se destierra el calzón y se adopta definitivamente el pantalón como prenda estándar. El calzón sólo se luce ya en ocasiones formales, siendo paulatinamente sustituido también por el pantalón. Estos pantalones son muy estrechos, sobre todo en trajes de gala. El largo suele llegar hasta la pantorrilla y posteriormente baja hasta el tobillo, añadiéndose entonces una cincha o estribo que se coloca bajo el pie para mantenerlos perfectamente estirados sin formar arrugas. Este estribo se coloca dentro del calzado en trajes de gala y sobre él en trajes de día. Tanto los calzones como los pantalones se usaban con tirantes en forma de X.


    La chupa, posteriormente conocida como chaleco, es una de las prendas que conserva más arcaísmos dieciochescos hasta bien entrado el siglo XIX. Para su confección se sigue usando la seda la cual en muchos casos se borda con hilos metálicos y de color si bien con motivos más pequeños y discretos. El largo suele ir acortándose a lo largo de las primeras décadas del XIX, si bien queda visible bajo el frac. Su forma es siempre recta. La caja del cuello se ajusta al mismo y se le añade un collar elevado. Se abrocha completamente a excepción del botón más alto con lo cual queda al descubierto el crabat y los volantes de la pechera. La botonadura puede ser doble o sencilla en trajes de día y sencilla en trajes de gala. Suelen llevar bolsillos tanto exteriores como interiores. Los botones se forran con el mismo tejido. Para la espalda se usa una tela de inferior calidad. Al ser esta una prenda que queda ajustada al cuerpo, se ciñe en la parte posterior mediante unas solapas encordadas o cinchas de tela.

domingo, 8 de mayo de 2016

Accesorios estilo Imperio.

    El estilo artístico Imperio fue dominante en arquitectura, decoración de interiores, mobiliario y moda, durante los inicios del siglo XIX en Francia. Se inserta dentro del espíritu neoclásico. Tiene su antecedente en el estilo Directorio, y toma su nombre del período de gobierno de Napoleón en Francia, conocido como Primer Imperio Francés, y que es cuando se construyen en París las grandiosas infraestructuras neoclásicas como el Arco del Triunfo, la Columna Vendôme y la Iglesia de la Madeleine, para emular los famosos edificios de la Roma imperial. A finales del siglo XVIII se combinaron diversas influencias que resultaron en una transformación de la ropa femenina, por un lado las ideas de la Ilustración, que se manifestaban en las obras de Rousseau, con sus deseos de una vuelta a la vida natural y acorde con la naturaleza. Una segunda influencia procede de Inglaterra que virtud a su poder económico y político, exporta una forma de vestir más cómoda y práctica, menos influenciada por el vestido cortesano. Por último también destaca el neoclasicismo que alcanzó la moda como había llegado anteriormente a la arquitectura, la escultura o a la pintura. Como ya hemos visto anteriormente, la moda imitó los trajes de las pinturas y estatuas clásicas romanas y colocó el talle debajo del pecho y se eligieron telas blancas y vaporosas que dejaban adivinar las formas del cuerpo con el movimiento, convirtiendo a la mujer de la época, en una copia de las matronas romanas de la antigüedad.


    Como el frío invierno europeo no se prestaba a usar vestidos tan livianos todo el año, aparecieron por consiguiente diferentes prendas de abrigo. Una de las más populares fue  una chaqueta corta, que terminaba bajo el busto conocida como Spencer, que tenía su origen en Inglaterra. Consistía en una chaquetilla abierta por delante con largas mangas ajustadas y que podía terminar por detrás en una pequeña cola, a menudo con adornos de hombros denominados jockeys.  En Francia se llamaba amazone a los trajes de montar femeninos, por las mujeres guerreras de la mitología griega. Estos trajes emulaban la moda masculina, pero no estaba permitido que las mujeres montaran a horcajadas y por eso siempre tenían que llevar un vestido y montar de lado. Napoleón estaba intentando crear un gran imperio y reforzar su ejército, así que diseñó un uniforme que resultara atractivo para que los hombres se alistaran. El uniforme de los húsares, originalmente una unidad de la caballería húngara, inspiró el estilo húsar (à la hussarde). El cierre con botones a la Brandenburg de la parte delantera del bolero y el redingote, un elemento del uniforme húsar, se convirtieron en tendencias populares. De los jinetes egipcios conocidos como mamelucos, que también formaban parte del ejército napoleónico, llegaron las mangas mameluco con variados bullones, un estilo popular entre el gran público. También se empleaban largos abrigos de corte masculino (redingotes) y, sobre todos ellos, el accesorio más importante fue el chal, tomado de la época de la Antigüedad Clásica.


    Los chales de cachemira procedentes de la auténtica región india de Cachemira se hicieron populares cuando Napoleón los introdujo por primera vez en Francia tras su campaña egipcia de 1799. Debido a sus exóticos dibujos y atractivos y variados colores, se convirtieron en un accesorio muy popular para llevar con el vestido camisa. Sin embargo, en esa época resultaban muy caros, y eran lo suficientemente valiosos como para ser registrados en los testamentos y en el ajuar de boda. Tras los años treinta, la popularidad de los chales de cachemira llegó al gran público, y hacia la década de 1840 ya se había implantado una enorme industria de chales tanto en Francia como en Inglaterra para satisfacer la demanda. En Lyon se fabricaban productos de lujo con materiales de primera clase, mientras que en la ciudad escocesa de Paisley se producía en masa una imitación estampada y más económica. La palabra “paisley” llegó a ser tan conocida que se convirtió en sinónimo del tipo de dibujo cónico frecuentemente relacionado con los artículos de cachemira. La moda de los chales de cachemira continuó hasta el período del Segundo Imperio Francés.


    El peinado se mantuvo al estilo de la Grecia y Roma clásicas, como no podía ser de otra forma, con recogidos y moños a la altura de la coronilla, dejando ligeramente sueltos varios rizos enmarcando el rostro. El uso de peinetas de carey o metal fue muy popular, así como el empleo de cintas, cordones y guirnaldas de flores. Los sombreros solían ser de paja con una ligera visera que protegía el rostro de los rayos del sol. La parte la copa solía forrarse son sedas de colores y se adornaba con cintas y pequeñas flores de tela. Como consecuencia de las campañas militares del ejército napoleónico en Egipto, se popularizó el uso del turbante en cenas y bailes de gala. El calzado femenino experimenta transformaciones ya que pierde su tacón y se impone el uso de zapatillas planas, realizadas en cuero y tela. Algunas de ellas se anudaban al tobillo mediante cintas, inspiradas en las sandalias de la antigüedad clásica. Debido a que las formas de las faldas pasaron de ser anchas y huecas al esbelto estilo imperio que recordaba la forma de una columna griega, el bolsillo que antes se había llevado dentro del vestido ya no tenía espacio, así que fue necesario el bolso para sustituirlo. Dichos bolsos denominados ridículos, solían confeccionarse con seda o a punto de aguja. Sus formas son de lo más variado, pasando de simples carteras planas a intrincadas cestas o incluso frutas. Imprescindibles fueron también los guantes, tanto en trajes de noche como de día.


Fuentes: MODA de editorial Taschen.

sábado, 7 de mayo de 2016

El vestido estilo Imperio.

    El vestido camisa o camisero, llamado así por su parecido con una camisola de ropa interior, se convirtió en la moda imperante a comienzos del S. XIX. Su simplicidad marcaba un fuerte contraste con los complicados vestidos rococó de la era anterior. Se abandonaron las prendas de ropa interior como el corset y el guardainfante, que habían sido imprescindibles para dar la exagerada forma a los vestidos femeninos de la época rococó durante el siglo anterior.


    Las mujeres preferían llevar vestidos de algodón blanco fino, casi transparente, con muy poca o ninguna ropa interior. El vestido camisa, con su cintura alta y cuerpo y falda de una sola pieza, tenía una línea clara y tubular. María Antonieta llevó un prototipo de este tipo de vestido, que se dio en llamar chemise à la reine, como puede verse en el retrato pintado por Elisabeth Vigée-Lebrun (1783). Un retrato posterior, en este caso Madame Récamier, pintado por François Gérard (1802, Museo Carnavalet, París), ilustra cómo esta forma de vestido se fue convirtiendo gradualmente en el estilo neoclásico que homenajeaba las refinadas formas geométricas de las antiguas Grecia y Roma. Se escogían materiales diáfanos como la muselina, la gasa y el percal por su simplicidad. Estos tejidos también sugerían que la función del vestido era cubrir y no modelar el cuerpo. El camisero era emblemático de una conciencia estética recién desarrollada y de los valores posrevolucionarios franceses. No obstante, el invierno europeo era demasiado frío para el fino material del vestido camisa, así que se popularizaron los chales de cachemira, que servían tanto para abrigar como para adornar el vestido. Además, las prácticas prendas de estilo inglés, como el Spencer o bolero y el redingote, ayudaban a protegerse del frío. Estas prendas exteriores mostraban una clara influencia de los uniformes militares napoleónicos, que habían adoptado atrevidos diseños para resaltar el valor de las tropas. Los chales de cachemira procedentes de la auténtica región india de Cachemira se hicieron populares cuando Napoleón los introdujo por primera vez en Francia tras su campaña egipcia en 1799.


    La estructura de este vestido continuó las formas introducidas durante el periodo del Directorio, que se ceñía bajo el busto y caía en una falda larga y recta, en forma de tubo hasta los pies. La silueta de este nuevo estilo hacía innecesario el uso del corsé dado que no se marcaba ya la cintura de forma tan ajustada como anteriormente. En los primeros años del siglo XIX, el cuerpo del vestido se mantiene sencillo y muestra ligereza, siguiendo el estilo directorio, con un escote recto y muy bajo desde el cual salían las mangas. La falda caía desde la línea de costura bajo el busto, haciéndose cada vez más estrecha hasta quedar un tubo recto de tela que podía tener cola o no. Un elemento común, que se mantuvo hasta aproximadamente 1813, fue el uso de escotes muy pronunciados, utilizados en los vestidos de noche y también de tarde. Los tejidos empleados eran livianos como la muselina, batista, linón, tul, algodón y gasas y poco a poco retornaron las sedas. Para los chales se utilizó tafetán, moiré y cachemira. Los colores eran tenues, verdes, castaños, blanco y pasteles. Los bordados eran de símbolos griegos y romanos, como los laureles y las grecas. Lentamente retornaron los hilos metálicos y los de seda multicolor.

    Con la autoproclamación de Napoleón Bonaparte como Emperador de Francia, el traje imperio conoce su máximo esplendor gracias a su mayor precursora, la Emperatriz Josefina. El cambio político y la aparición de una nueva corte en París, influye de manera notable en el vestido imperio. La muselina de algodón es sustituida por los tejidos confeccionados en seda de Lyon con bordados en oro, la silueta del traje cambia notablemente, aunque el talle de bajo del pecho, el color blanco y el aire neoclásico persiste, el traje aumenta su vuelo, los escotes se vuelven profundos, las mangas se establecen cortas y abombadas, además se le añade cola por la parte de atrás, dándole así un aire mucho mas regio y distinguido. El gran artífice del cambio del traje imperio fue Leroy, sastre de la emperatriz, realzando así la blanca piel y la esbelta figura de Josefina.



    A partir de 1806, aproximadamente, la consolidación de la corte napoleónica propició el abandono de la sencillez del Directorio, se pierde el aspecto de túnica, los vestidos se confeccionan de forma más estructurada y se corta el cuerpo de forma más ajustada y se acompaña de diversos cuellos y mangas de formas variadas. Entre estas, se introducen detalles renacentistas como: mangas acuchilladas, lechuguillas y adornos alrededor de los amplios escotes. También se empiezan a utilizar tejidos más lujosos y menos ligeros. La ligereza del conjunto en los primeros años no impidió que resurgiera el uso del corsé, hacia 1811, como prenda interior, oculta, que no tenía como misión ya ajustar la cintura, sino que su principal objetivo era abultar el pecho, que asomaba gracias a los generosos escotes. Igualmente se comienza en esos años a adornar el extremo del escote con tejido en su alrededor. Denominado por Von Boehn como cherruses y otros autores como cherrusque, se trataba de una tira de encaje o muselina ligera que, plegada o fruncida adornaba el cuello. Gradualmente se fue exagerando su empleo. La sencillez primitiva de los vestidos fue desapareciendo y fueron quedando ocultos detrás de estos múltiples adornos que incluyeron también lechuguillas de grandes dimensiones. También estuvo acompañado por diversos cuellos y mangas ajustadas hasta el puño o manga globo, siempre acompañada de guantes.

Fuentes: MODA de editorial Taschen.

viernes, 6 de mayo de 2016

Introducción a la indumentaria estilo Imperio.

    Durante el siglo XVIII, Francia fue reconocida como líder mundial de la moda femenina. Esta reputación se consolidó en el siglo siguiente y el país se convirtió en la autoridad indiscutible en este terreno. Es en la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de Luis XVI junto a su esposa María Antonieta y en pleno apogeo del rococó, cuando el cambio en la moda empezó a fraguarse, antes incluso del cambio político acaecido durante la Revolución, que inevitablemente influyó en la consolidación del traje imperio. En esa época se introdujo en Francia el estilo inglés, de aire campestre y algo bucólico pero bastante elegante y que supuso una alternativa mucho más cómoda al encorsetado traje de corte francés, así que algunas mujeres de la alta aristocracia comenzaron a utilizar la robe à l´anglaise (vestido a la inglesa), conocido en España como vestido vaquero,  una chaqueta inspirada en el redingote masculino y un vestido de canesú ajustado que caía por encima de unas enaguas de crin de caballo en lugar del guardainfante ( estructura metálica para ahuecar las faldas, característica del traje femenino en el siglo XVIII).


    A esta relajación del vestir debido a la influencia de la moda inglesa, contribuye Maria Antonieta con su chemise à la reine, vestido camisero en forma de "T" confeccionado en muselina de algodón y ajustado debajo del pecho con un fajín, que se usaba sin necesidad de corsé ni miriñaque. Esta "camisa de la reina" fue encargada por ella misma a su modista Rose Bertin, para poder sentirse cómoda en el ambiente relajado que había creado en su "petit Trianon" alejado del protocolo estricto que aún regía la corte de Luis XVI. Fue muy criticada al posar vestida con esta prenda para ser retratada por Elisabeth Vigée-Lebrun (1783), ya que muchos consideraban que iba en ropa interior lo que resultaba obsceno. Sin duda la chemise à la reine fue el claro antecesor del vestido imperio.

    Durante el primer y caótico período revolucionario tuvo lugar un cambio espectacular en la moda femenina. La Revolución Francesa de 1789 provocó el desplome de la jerarquía social tradicional y dio paso a una rica burguesía que caracterizó a la sociedad francesa a lo largo del siglo XIX. Fue una revolución provocada por diversos factores: el fracaso de la economía nacional, el creciente conflicto entre la aristocracia y aquellos con prerrogativa real, el descontento de una mayoría de ciudadanos frente a las clases más privilegiadas y una prolongada y severa escasez de alimentos. Es por eso que corsés, miriñaques y pelucas empolvadas,  elementos tan característicos del absolutismo monárquico, son desterrados del vestuario femenino, en pro de una moda revolucionaria que desembocará en el vestido imperio con una clara influencia del neoclasicismo, mucho más simple y menos ostentoso, de tejidos sencillos, muy acorde con los ideales revolucionarios. Con el descubrimiento de Pompeya en 1748, las esculturas descubiertas influyen de manera decisiva en el vestido imperio. Durante el Directorio las mujeres en París parecían haber salido te templos romanos. En contraposición al excesivo lujo en los adornos durante el Antiguo Régimen, se ponen de moda pendientes, collares y brazaletes de cobre y bronce dónde se engarzaban pequeñas piedras semipreciosas.

    La Revolución adoptó una manera de vestir como objeto de propaganda ideológica de la nueva era, y los revolucionarios manifestaron su espíritu rebelde apropiándose de la indumentaria de las clases bajas. Aquellos que todavía vestían ropas de seda extravagantes y de vivos colores eran considerados antirrevolucionarios. En lugar del calzón y las medias de seda que simbolizaban la nobleza, los revolucionarios se pusieron pantalones largos llamados sans-culottes. Además del pantalón, el simpatizante revolucionario lucía una casaca llamada carmagnole, un gorro frigio, una escarapela tricolor y zuecos. Esta moda, que tiene su origen en el gusto inglés, más sencillo, evolucionó hacia un estilo de casaca y pantalón que posteriormente fue adoptado por el ciudadano del siglo XIX. Pero no todo cambió en 1789. Si bien durante la revolución surgieron nuevos estilos de moda que se sucedían rápidamente, reflejando la cambiante situación política, el atuendo clásico, como el terno a la francesa, se seguía utilizando como traje oficial de la corte. Las nuevas modas convivieron con las antiguas durante todo el periodo revolucionario.


    En algunos casos el caótico clima social generó modas excéntricas. Los jóvenes franceses, en especial, adoptaron estilos radicales, inusuales y frívolos. Durante el Terror, los muscadins, un grupo de jóvenes contrarrevolucionarios, protestaron contra el nuevo orden y se vistieron con excéntricas casacas negras de amplias solapas y grandes corbatas. Siguiendo la misma línea de excentricidad, los petimetres (petit-maîtres), llamados incroyables, aparecieron durante el periodo del Directorio. Los cuellos extremadamente altos caracterizaban su vestimenta, además de las grandes solapas dobladas hacia atrás, chalecos chillones, corbatas anchas, calzones, cabello corto y bicornios en lugar de tricornios. Su equivalente en femenino, las conocidas cómo merveilleuses, lucían vestidos extremadamente finos y diáfanos, sin corsé ni guardainfantes. En las ilustraciones de moda de la Gallerie of fashion (1794-1802, Londres), De Nicolaus von Heideloff, se pueden ver vestidos redondos, así como otros con la cintura situada bajo el busto y formados por corpiños y faldas de una sola pieza. El vestido redondo más adelante se transformó en el vestido camisa o camisero, el atuendo de algodón más popular de principios del siglo XIX. Mientras que en Inglaterra la modernización fue debida a la Revolución Industrial, la sociedad francesa recibió nuevos impulsos en la última época del rococó gracias a la revolución política. Situada frente al telón de fondo de tal malestar social, la moda europea avanzó hacia la nueva modernidad.

Fuentes: MODA de editorial Taschen.