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sábado, 28 de febrero de 2026

El vestido camisa y las Currutacas: Una revolución en la tela y en la sociedad

 Querido lector de mis entretelas y mis entrepaños, aprendiz de sastre y cómplice silencioso en la trastienda de la historia: 

A finales del siglo XVIII, mientras en España aún dominaba en la calle la solemne silueta del traje nacional (jubón, basquiña y mantilla), una nueva moda, radicalmente opuesta, comenzaba a desafiar los cánones desde dentro de los salones. Esta fue la era del "vestido camisa" y de sus más ardientes defensoras, las llamadas "currutacas". Juntos, prenda y persona, encarnaron una revolución estética que reflejaba los profundos cambios sociales e ideológicos de la época. 

El Origen Transatlántico de una Silueta Revolucionaria


 

El vestido camisa no nació en los talleres parisinos, sino que, según sostiene una teoría ampliamente difundida por historiadores de la indumentaria, tiene un posible origen criollo. Se cree que fueron las damas francesas asentadas en las colonias americanas, particularmente en las Antillas, quienes, ante la necesidad de adaptarse a un clima tropical opresivo, simplificaron la vestimenta cortesana. Crearon así un vestido suelto, ceñido sólo bajo el peso con un cinturón, y confeccionado en muselinas y gasas blancas importadas de la India. Era una solución práctica que priorizaba la comodidad y la frescura sobre la rigidez y el ornamento. 

Esta innovación viajó a Europa, donde fue inicialmente adoptada como indumentaria informal para el campo. Su consagración llegó en 1783, cuando la reina María Antonieta de Francia, en su búsqueda de simplicidad rural en el Petit Trianón, fue retratada por la pintora Élisabeth Vigée Le Brun luciendo una de estas prendas. El cuadro, conocido como "La reina vistiendo una camisa" o "Chemise à la reine", provocó un escándalo mayúsculo. Para la rígida etiqueta versallesca, la soberana aparecía vestida con lo que parecía una prenda íntima, desafiando todo protocolo. Sin embargo, ese acto real catapultó la moda. 

La silueta, que liberaba el cuerpo femenino de corsés y armazones, se alineó a la perfección con el nuevo gusto neoclásico inspirado en las túnicas griegas y romanas, y con el ideal de simplicidad burguesa que criticaba la ostentación aristocrática. En España, la reina María Luisa de Parma y las mujeres de la élite la adoptaron con rapidez, introduciéndola en la corte y los salones. 

Las Currutacas: Las Devotas de la Nueva Moda 



Si el vestido camisa fue la bandera de esta revolución, sus principales portadoras fueron las "currutacas" (término femenino análogo al de "petimetres" para hombres). Pero una currutaca era mucho más que una mujer a la moda. Era un estereotipo social y moral, un personaje recurrente en la literatura costumbrista y el objeto de sátira y crítica constante. 

La currutaca, generalmente joven y de clase acomodada, se definía por una obsesión extrema y exclusiva por las últimas tendencias. Su vida giraba en torno a la apariencia: las horas dedicadas a la toilette, la búsqueda de telas exóticas, la discusión de patrones y la exhibición en el paseo. Llevaban el vestido camisa en su expresión más radical: ceñidísimo, de tejidos tan finos y vaporosos que se consideraban "traslúcidos", con el deliberado propósito, según sus críticos, de "dejar traslucir el pellejo". Esta provocación estética se interpretaba como síntoma de una moral ligera y frívola. 

Los escritores de la época las caricaturizaban como mujeres vanas, superficiales y ociosas, cuyo único conocimiento era el de la moda y cuyo único objetivo era la conquista de miradas. El término "currutaca" era, por tanto, despectivo; no designaba simplemente a una seguidora de la moda, sino a aquella que la llevaba al exceso, desafiando los límites del decoro establecido. 

Un Cambio de Paradigma 



La dualidad entre el vestido camisa y las currutacas captura un momento crucial. La prenda, con su posible origen práctico en América, simbolizaba la ruptura con el Antiguo Régimen vestimentario: era democrática, natural y neoclásica. Sin embargo, su adopción por unas mujeres que hicieron de la moda su razón de ser generó una reacción social que buscaba controlar, mediante la sátira y la crítica, esa nueva libertad expresiva del cuerpo femenino. Juntos, nos muestran cómo un simple cambio en el vestir puede ser el hilo conductor para entender las tensiones entre tradición y modernidad, decoro y libertad, que agitaban la sociedad a las puertas de la contemporaneidad. 

Pedrete Trigos 

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